Yo aprendí a conducir en un Seat 127 LS verde de 1976. Palanca larga como un bastón, ahogador manual, y ese olor a gasolina y tapicería caliente que los que somos de esa época no olvidaremos nunca. Por eso hoy escribo este post con un nudo en el estómago: según ha destapado la prensa alemana, Volkswagen decide estos días si la marca SEAT desaparece antes de 2030. Te cuento lo que se sabe y luego, si me lo permites, nos ponemos un poco sentimentales.
La noticia: un documento de 147 páginas y una votación inminente
El medio económico alemán WirtschaftsWoche asegura haber tenido acceso a un documento interno de 147 páginas preparado por la dirección del Grupo Volkswagen junto a consultores de Boston Consulting Group. El consejo de supervisión del grupo lo vota en su reunión del 3 y 4 de septiembre, y entre las medidas está la que nos duele: dejar de comercializar la marca SEAT "a más tardar a finales de 2029". El documento llega a decir, textualmente, que "SEAT ya no figura como parte del plan estratégico para 2030".
No es la única medida del plan: se habla de eliminar el 75% de las variantes y la mitad de los modelos del grupo, de decenas de miles de recortes de empleo adicionales en Alemania y de centrar Volkswagen en los coches más grandes y rentables. Una reestructuración histórica en la que SEAT, como marca, sería uno de los eslabones más débiles.
El matiz importante: muere la marca, no la empresa
Aquí conviene ser rigurosos, porque el titular asusta más que la letra pequeña. Lo que estaría sobre la mesa es el fin de la marca SEAT, no de SEAT S.A. como compañía. La fábrica de Martorell y sus miles de empleos seguirían, integrados en CUPRA, que según el documento aspiraría a vender entre 500.000 y 600.000 coches al año: prácticamente lo que hoy suman SEAT y CUPRA juntas. El plan también promete mantener el servicio técnico y las obligaciones con los clientes actuales de SEAT.
Es decir: el negocio sobrevive, y hasta puede que salga reforzado. Lo que se apaga es el logotipo. Y ya sé que suena a poco… pero es que ese logotipo es medio siglo de memoria de este país.
Porque SEAT no era una marca: era la familia
En España no aprendimos a conducir "en un coche". Aprendimos en un SEAT. En el 600 que sacó a nuestros padres del pueblo, en el 127 o el 124 que heredamos con carné recién estrenado, en el Panda de la autoescuela, en el Ibiza de los primeros trabajos. El mío, ya te lo he dicho, fue aquel 127 LS verde del 76: sin dirección asistida, sin ABS, sin nada que no fuera mecánica honesta y un volante fino como un aro de gimnasia. Ahí aprendí lo que era el punto de embrague, y ahí se me quedó grabado para siempre el amor por los coches que hoy alimenta este blog.
Cada familia española tiene una historia así. Por eso esta noticia, aunque sea de estrategia empresarial, se siente como algo personal.
Mi opinión: entendible en Excel, dolorosa en el corazón
Con la cabeza fría, la jugada se entiende: dos marcas del mismo grupo compitiendo en los mismos segmentos, con márgenes ajustadísimos y una transición eléctrica carísima. CUPRA vende más caro, crece a doble dígito y tiene una imagen que engancha a los jóvenes. En un despacho de Wolfsburgo, la decisión sale sola.
Pero los coches no son solo hojas de cálculo. Las marcas generalistas como SEAT son las que motorizan a la gente normal, y su historia es la historia de la movilidad de este país. Ojalá me equivoque y la votación de estos días le dé otra prórroga. Y si no… que al menos CUPRA esté a la altura del legado que hereda.
Conclusión
Todavía no hay nada oficial: la decisión se vota estos días y Volkswagen no ha confirmado nada públicamente. Pero si el adiós llega, que nos pille con la memoria fresca. Así que te lo pregunto directamente: ¿con qué SEAT aprendiste tú a conducir? ¿Un 600, un 127, un Panda, un Ibiza? Cuéntamelo en los comentarios: hoy este blog es un homenaje a todos ellos. 🚗
Fuente: información publicada por WirtschaftsWoche (Alemania) y recogida por la prensa española especializada (03/09/2026), pendiente de la decisión del consejo de supervisión del Grupo Volkswagen. Las opiniones y los recuerdos son del autor.







